Luisa Ortega unchained
No hará como Django, no saldrá a dispararle a todos los chavistas aristócratas
en busca de justicia como en el western de
Texas, sus armas son otras, su
realidad es distinta, pero Luisa Ortega está desencadenada “El día que repartieron
el miedo, yo no llegué”, dijo sin sobresalto, sin titubeos, sin preocupación, y
no solo lo dice, también lo demuestra; siguiendo el guion cinematográfico
algunos la acusan de ser la Severus Snape
dentro de la revolución, y quizás su
película no tendría tantos disparos y tanta sangre como cualquier film de Tarantino, ni la magia de
cualquier entrega de Harry Potter; pero
la Fiscal General de la República es la protagonista de un epílogo
revolucionario para no perder de vista.
Pero, ¿quién es Luisa Ortega Díaz?, ¿de
dónde salió?, ¿hacia quién son sus lealtades?, ¿cuáles designios la mueven? Las
primeras interrogantes podemos responderlas anotando su nombre en el ordenador,
las últimas no.
Las primeras pistas sobre su
deserción al chavismo las comenzamos a ver el último día de marzo del presente
año, cuando declaró que las sentencias 155 y 156 del TSJ, constituían una
ruptura al orden constitucional, condenando la medida del máximo tribunal de la
República, con la cual el gobierno buscaba, vulgarmente hablando, disolver a la
Asamblea Nacional electa por voto popular. Las protestas por el fallido impasse legal generaron una ola de
protestas que se han extendido hasta nuestros días, resulta trágico para el
oficialismo concebir que, toda la presión que se la ha venido encima ha sido
producto de su propia imprudencia, pues de cierta forma despertaron la
conciencia popular a base de muestras de autoritarismo totalmente inútiles para
sus acometidos.
Bien, a principios de abril el
cónclave político seguía estando cuadrado (no deforme como hoy en día), con los
protagonistas principales y actores de reparto sentados en ambos costados de la
mesa, cada uno sabiendo cual bando representaban, y la oposición especulando
con que las declaraciones de la fiscal, siempre tan querida y adorada por el
comandante Hugo Chávez, eran tan solo parte de un juego demagógico impuesto por
el gobierno con el cual simulaban que en el país existía separación de poderes;
luego de ello, entrado el mes de mayo, la fiscal volvió a apoderarse de los
focos condenando de manera categórica la violencia contra manifestantes
alegando “… no podemos exigir un
comportamiento pacífico y legal de los ciudadanos si el Estado toma decisiones
que no están de acuerdo con la ley…”; allí el mundo se vino abajo, al menos
para algunas cabezas del partido oficialista, pues esta frase, que en un
principio fue tomada por la mayoría del pueblo opositor, como un simple saludo
a la bandera, de pronto comenzó a cobrar no solo relevancia, sino también
protagonismo… pero… vamos poco a poco.
Luisa Ortega Díaz, abogada de la
República Bolivariana de Venezuela, especialista en derecho penal y en derecho
procesal, sucedió a Isaías Rodríguez (exvicepresidente de la República) en la
Fiscalía General de la República en el año 2007, aquello por supuesto, fue una
designación no solo aprobada, sino también promovida por el mesías de Sabaneta,
Hugo Rafael Chávez Frías, quien luego de apropiarse de todos los escaños de la
Asamblea Nacional en el 2005, tras el desistimiento de la oposición para
participar en las elecciones, empezó a nombrar a dedo a través de sus
representantes en el parlamento, a las cabezas de los distintos órganos
superiores en Venezuela. Pero antes, mucha antes de ser una cabeza visible en
los círculos revolucionarios, Luisa Ortega fue una abogada litigante que
transitó por varios empleos, hasta acercarse a Hugo Chávez, primero fungiendo
como consultora jurídica de VTV, y luego, adhiriéndose al Ministerio Público,
en abril del 2002, tras el golpe de Estado en contra del comandante, lo que
viene a darnos una idea de cómo fue su relación con Miraflores durante los
últimos 15 años. Como funcionaria ejerció los cargos de Fiscal 7° del área
metropolitana de Caracas, y Fiscal 6° Nacional con competencia plena, luego, el
18 de septiembre del 2006 fue designada Directora General de Actuación Procesal
del Ministerio Público, hasta su escalada al estrellato de las cortes
judiciales.
Desde diciembre del 2007, fecha en
que nombran a la jurista como la Fiscal General de la República, hasta hace un
par de meses, Luisa Ortega Díaz era uno de los personajes más repudiados por el
pueblo opositor, no debe olvidarse que, bajo su mandato se levantaron las
controvertidas acusaciones contra Leopoldo López en el 2014, que culminaron con
su arresto por “daños a la propiedad pública, instigación a delinquir, y
delitos de asociación para la delincuencia organizada”, lo que en el discurso
del gobierno se traducía como terrorismo y haber propiciado los asesinatos de
43 venezolanos; esta “olla judicial”, se levantó desde el despacho de quien
fuera durante años parte activa del brazo político del Estado, para encarcelar
opositores, favorecer juicios contra allegados al chavismo, disuadir las
denuncias de corrupción, o esconder números que reflejaran los índices de impunidad
en Venezuela. De hecho, en el sepelio del comandante Hugo Chávez, la fiscal
apareció en primera fila, sin importarle las acusaciones de partidismo, allí
estaba ella, despidiendo al comandante, con un semblante irremediablemente
conmovido; pero las piezas del rompecabezas no terminan allí, es un entramado
más amplio, difícil de ordenar, pues cabe acotar que, la Fiscal, se encuentra
unida en matrimonio con el diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV, electo
en el Estado Lara, Germán Ferrer, quien hoy día, por el simple hecho de haberse
enamorado de la mujer de cabello y ojos claros, pasó a convertirse en enemigo
de la revolución.
Mucho debe considerarse a la hora de
tratar de determinar los móviles de actuación de la Fiscal, pues fue el propio
Diosdado Cabello quien en su rol de Presidente de la Asamblea Nacional la
ratificara en el cargo el 22 de diciembre del 2014, tras liderar la caza de los
“terroristas opositores” unos meses atrás; de hecho, el 5 de mayo del mismo
año, la Fiscal acudió al programa “El mazo dando” del número dos del chavismo,
y sostuvieron una amena charla de una hora en la cual acusaron de terroristas y
violentos a “un pequeño grupito del país”.
“…una de las cosas que en los últimos años nos enseñó el Presidente
Chávez fue asumir la responsabilidad, aceptar cuando se ha cometido un error, y
reconocerlo ante el país, entonces yo creo que allí ha habido verdaderamente un
deseo de destruir no solamente la vida de los venezolanos amantes de la paz,
sino también de destruir todas las infraestructuras, incendiar al país”; -declaró la Fiscal en alusión a los
actos de protesta promovidos por Leopoldo López y una parte de la MUD. De
hecho, al epílogo de la entrevista, Diosdado Cabello le anunció a la Fiscal,
que la sesión de la Asamblea Nacional del día posterior a dicha plática, se
concentraría en debatir el impasse
que había sostenido recientemente Luisa Ortega Díaz, con el periodista de CNN,
Ismael Cala, acusando a la cadena internacional de terrorista, ofreciéndole
todo su apoyo, y abriéndole las puertas de su espacio, para todas las veces que
quisiera dirigirse al pueblo venezolano –¿Será
que el diputado dejaría hoy día a la fiscal sentarse en la silla del Mazo
dando?
En todo este panorama tan confuso y abyecto,
no puede dejar de destacarse que la oposición llamó negligente y corrupta, en
un centenar de ocasiones a la Fiscal, no solo por enjuiciar a los contrincantes
al gobierno, sino por no investigar ninguna de las acusaciones que caían sobre
las cabezas del chavismo, como el caso del propio Diosdado Cabello, quien al
año siguiente fuera acusado de narcotraficante, por Leamsy Salazar, capitán de
corbeta, miembro del primero anillo de seguridad de Hugo Chávez hasta su
muerte, y que luego pasara al mando del diputado tras su defunción (dichas
acusaciones de narcotráfico sobre Diosdado Cabello, siguen sin ser investigadas
por el Ministerio Público).
Ahora volvamos al presente, al
presente donde Luisa Ortega está desencadenada, como Django, tirando acusaciones
a diestra y siniestra, encarando a magistrados, levantando recursos,
promoviendo actos de protesta en contra del quebrantamiento del orden jurídico,
convirtiéndose en la ficha de poder más importante de la oposición, ¿qué es lo
que pasa allí?, o mejor dicho, ¿qué fue lo que pasó? –es la pregunta de 30
millones de venezolanos.
Hay quienes insisten con la teoría de
que la actuación de Luisa Ortega viene dada bajo las directrices del gobierno
para “distraer”, ¿distraer de qué? –Me pregunto-, si ya todo lo ha ventilado,
no solo al pueblo venezolano, sino al mundo. Si hay algo peor que el chavista
enceguecido, es el opositor paranoico que cree que todos, inclusive su propia
madre, conspira para que el gobierno siga en el poder, esa teoría se va de la tangente
por los propios hechos. Luego hay quienes dicen que la Fiscal solo intenta
salvar su pellejo ante la inminente caída del gobierno (esto puede ser); y
también están quienes creen que la jurista en un acto de piedad, compasión, y
misericordia, recapacitó, abrió los ojos, y se dio cuenta que el gobierno era
el malo de la película (esto no me lo creo); una última vertiente, no muy
popular por cierto, corresponde a lo que yo llamaría “los demonios del
egocentrismo”, esta vertiente es por cierto, una opinión a título muy personal,
en la que, según el lenguaje corporal de la Fiscal, sus declaraciones, sus
actuaciones, se ha generado internamente una lucha de poderes, la han acusado
bajo cuerdas de no apoyar el proceso revolucionario, le han amenazado, y esta
se ha hartado, los mandó a todos a Neptuno, y ahora quiere demostrar quién
puede más; no en vano, ya Iris Varela, ministra para Asuntos Penitenciarios,
salió a acusarla de estar inmiscuida en el escándalo de los Panamá Papers, junto a su esposo, el diputado
Germán Ferrer, y Diosdado Cabello la tildó de traidora; en fin, quisieron
intimidarla, le declararon la guerra, le tocaron el ego, y ahora Luisa Ortega
Díaz, Fiscal General de la República, quiere demostrarle al chavismo, que así
como mandó a encarcelar a Leopoldo, y que así como disuadió investigaciones en
contra de los suyos, ahora puede hacer justo lo contrario, e iniciar un
movimiento que los mande a todos al calabozo, y mandarla a ella al estrellato.
Pero… porque entre tantos peros,
siempre hay peros más valiosos que otros, ¿qué fue lo que la llevó a
distanciarse del proceso revolucionario?, ¿por qué iniciaron estos conflictos
internos?, y allí sobresale una circunstancia que nadie parece haber percatado:
el secuestro de su hijastra María Ferrer, (hecho que hoy día sigue sin ser
esclarecido, del que poco se habló), por coincidencia o no, el secuestro se
llevó a cabo el mismo día que la fiscal viajó a Brasil para solicitar
información sobre los sobornos a venezolanos en el caso Odebrecht, el jueves 16
de febrero del presente año; con todas las fichas sobre la mesa, vale
preguntarse, ¿quién secuestró a la hijastra de la fiscal?, ¿bajo cuales
acuerdos fue liberada?, ¿hubo amenazas?, ¿hubo disputas?, ¿hubo intimidación?,
¿hubo negociaciones?, ¿dónde están los culpables?, ¿cuáles fueron los móviles
del secuestro? Esa información la población la desconoce, seguro los archivos
están depositados en un gabinete ultra secreto de Miraflores, con copia en el
despacho de la fiscal, pero lo cierto es que, la bomba estalló, no sabremos
precisar por cual costado, pero reventó, ahora Luisa Estela Morales está
desencadenada disparando contra la nueva burguesía del país (el chavismo), al
igual que lo hacía Django contra los blancos opresores latifundistas, y lo más
importante de todo es que tiene con que hacerlo, pues de seguro, antes de salir
a ventilar “sus graves preocupaciones sobre la alteración del orden
constitucional”, tenía bajo la manga una serie de pruebas, para mandar tras las
rejas a todas las cabezas del chavismo; el final de esta historia de seguro
será espeluznante, desde ya empezamos a contactar a Hollywood para ir armando el
libreto.
Twitter: @emmarincon
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