La violencia de la ignorancia (análisis de "Los de abajo", de Mariano Azuela).


Sobre la temática de la obra…

La insurrección y el levantamiento de armas están en la psique colectiva de los pueblos latinoamericanos, es la herencia cultural que nos legaron nuestros ancestros, los cuales en un principio utilizaron para independizar nuestras tierras y sacudir a los europeos, y luego entre ellos mismos para arrebatarse el poder; en nuestro imaginario popular no encontramos forma alguna que se distancie a la de la violencia de asumir la gobernabilidad y propiciar un cambio político, la democracia ha ido asomándose sin otorgar mayores beneficios a su gente, salvo la osadía de decir que tuvo la oportunidad de elegir (y eso, se podría incluso cuestionar); la civilización de nuestros tiempos ha ido apaciguando la llama revolucionaria, (se ha apaciguado en sentido violento), pero no en sentido estricto, pues el amor por la heroicidad, las fantasías de liderazgo y aclamación, siguen vivas en las mentes de aquellos hombres que han crecido marginados de los sistemas capitalistas y financieros en nuestros países, cuya misión (casi siempre predestinada) es la de librar la lucha para quitarle a los ricos y darle a los pobres. Es esa fantasía de líder supremo y eterno la que ha gobernado a nuestros caudillos y dictadores megalómanos, los cuales a pesar del paso del tiempo, y la evolución e institucionalidad de los Estados, sigue terciando en los mandatorios y partidos políticos para imponer su autoridad de forma ininterrumpida y perpetua, sin importar los affaires democráticos que dicen tener, y las elecciones (muchas veces manipuladas) que se llevan a cabo para legitimar lo ilegitimo. Perón, Pinochet, Chávez, Trujillo, Castro, Ortega, Fujimori, Morales; son varios ejemplos de gobernantes tanto de izquierda como de derecha, los cuales han llegado al poder de distintas maneras (populismo, armas, burlas al sistema electoral), y una vez allí han intentado y a su vez logrado manipular los hilos constitucionales, para instaurar regímenes y sostenerse a lo largo del tiempo en el gobierno, asumiendo que solo ellos pueden llevar adelante las riendas de un país; luego vienen los golpes de Estado, magnicidios, asesinatos de candidatos presidenciales, intentonas de golpes, grupos paramilitares, y demás que se han establecido en nuestra región como producto de esa cultura de idolatría, heroísmo, beligerancia, y “rescate” que llevamos arraigada en nuestra piel.      
La historia y el lenguaje juegan un papel fundamental en cada leyenda personal y también nacional (colectiva), y es justamente allí donde cobra mayor vigencia e importancia la novela histórica, aquella que escrita en el presente viene a tratar de contar e interpretar las razones que fungen en un proceso histórico, y que con el paso de los años, pasará a transformarse en un relato antiguo capaz de contarnos a nosotros, quienes vivimos en el futuro, los acontecimientos de dicho tiempo.
Mariano Azuela cuenta en Los de abajo las razones, o mejor dicho desrazones, que propiciaron un levantamiento de armas al inicio del siglo pasado en un México todavía con predominancia rural; las guerras entre distintas clases sociales han sido siempre un pandemonio autodestructivo para nuestras naciones, ya que los ciudadanos se han abocado a apoyar a determinado grupo o líder político, más por revanchismo, que por convicción; la exclusión ha sido una palabra que ha calado hondo en los discursos más revolucionarios, una palabra capaz de avivar el desagravio, la venganza, la retaliación, y la “búsqueda de igualdad”; todos estos asuntos más de lenguaje, que del propio desarrollo, pues a lo largo de la novela de Mariano Azuela, se demuestra como su personaje principal “Demetrio Macías” se la vive desilusionado de la revolución mexicana, al percatarse que básicamente es un sinsentido y que la mayoría de hombres que le acompañan, no tienen siquiera noción del por qué están luchando; sus acciones obedecen únicamente al fin de llevar a cabo una revolución, sin importar las consecuencias, o su desembocadura, y el propio Demetrio Macías no escapa de esto, lo cual es demostrado cuando en el último capítulo de la segunda parte le comentan que en la convención han desconocido a Carranza y van a elegir a un Presidente Provisional, y el general demuestra poco interés en el tema, entonces Natera (otro general) insiste en preguntarle a quien apoyará, y él le responde que no le haga preguntas pues no es escuelante, que a él solo le digan qué hacer y ya está.
En uno de los primeros apartados de este ensayo argumentamos que el lenguaje adquiere un rol protagónico en la historia de nuestros pueblos, la mera forma de comunicarse entre pares fomenta una especie de comportamiento muy afín a los modismos empleados; es por ello que tantas veces se ha pregonado por citar ejemplos, la falta de humor en los alemanes, o la soberbia argentina; pues bien, en el México de antaño, ese de los años 1900, donde las capas aristocráticas e intelectuales estaban muy apartadas, y eran también muy restringidas, el apartheid del capital fomentó a marginar esa clase social mexicana ignorante, y sin educación, que a falta de certezas actuaba para consolidar en su mente un espejismo de éxito; y es allí donde la novela de Azuela emerge categóricamente para mostrarnos las interacciones sociales de aquella década, destacando el orgullo con que los hombres de aquellos tiempos exhibían sus muertos, y pregonaban sus delitos y carácter violento.
Simón Bolívar, otro de los grandes líderes beligerantes que tuvo el continente americano, tuvo mucha razón al admitir en una frase “Un pueblo ignorante, es instrumento ciego de su propia destrucción”, y lo más curioso aún, es que no hay que ser muy inteligente para saberlo, inclusive los propios ignorantes admiten tal premisa, aquello queda demostrado en el capítulo XIV de la primera parte de la novela, cuando Demetrio Macías le cuenta a su compadre Anastasio lo sorprendido que estaba de la forma que tenía Luis Cervantes de hablar, a lo que Anastasio le responde que aquello se debía precisamente a que sabía leer y escribir; el dialogo continua con los dos personajes cambiando ideas sobre cómo la capacidad de lectura y escritura aumenta la comprensión y sabiduría de un ser humano (es decir), que a pesar de que ellos desconocen dichos hábitos, o carecen de tales conocimientos, admiten que es una herramienta sumamente útil para establecer objetivos y llevarlos a cabo. A lo largo de la historia podemos notar en forma repetitiva, que varios de los personajes que se unen a la lucha revolucionaria desconocen sus orígenes y sus causas, algunos se juntan a la gesta por aburrimiento, otros por problemas personales, por rebelión, venganza, ambición, aventuras, pero muy pocos tienen una idea objetiva de que se persigue en la revolución mexicana, y es allí mismo donde la falta de matrices lingüísticas entorpece la digestión de sus causas y termina juntando a distintas personas, con diferentes necesidades, persiguiendo un fin ambiguo que resulta en la simple cacería de federales y el placer de la violencia.   
El tema lingüístico ya ha sido explorado en otras obras literarias, como es el caso de 1984 de George Orwell, en dicha novela la neolengua elimina del diccionario el mayor número posible de palabras, para de esa forma limitar los pensamientos de los ciudadanos, y tener menos opciones a la hora de expresarse; en los diálogos empobrecidos culturalmente llevados a cabo por los personajes de Los de abajo, se pueden dilucidar las razones por las cuales a un grupo de gente tan numeroso les basta cualquier argumento para tomar un fusil e irse a la guerra (algo quizás más impensado para una persona con un grado mayor de cultura); este tipo de reacciones cavernícolas, e irracionales, responde a la necesidad de dichas personas de darle un sentido o propósito a sus acciones, que es imposible de descifrar en su propia mente, por ello las respuestas y justificaciones siempre serán vagas: viven de sensaciones, no de razones, y precisamente aquella es la “razón” por la que se producen los desencuentros.
Mariano Azuela con esta obra básicamente fundó la novela social, aquella dispuesta a desentrañar el tema de lucha entre las clases sociales, la ignorancia, la manipulación, la ingenuidad, la violencia, que posteriormente retomarían otros autores de gran valía como Rómulo Gallegos en su obra Doña Barbara, o el también mexicano Juan Rulfo con Pedro Páramo; en contextos muy distintos las historias republicanas de las naciones de América Latina guardan muchas similitudes, algunas privilegiadas con mayores recursos minerales y económicos como es el caso de México, Argentina, y Venezuela, que ha propiciado un crecimiento más abrupto, pero también sustancialmente más corrompido; y otras que con mayor pobreza también han tenido que debatirse el poder entre caudillos, como ha sucedido en Nicaragua, Cuba, República Dominicana, entre otros; la importancia de obras como la escrita por Mariano Azuela, consiste en el estudio programado de la historia de América Latina, al observar como nuestros procesos políticos parecen ser cíclicos y repetirse obstinadamente en el tiempo; la desventura del lenguaje ha encontrado su nueva víctima precisamente en Venezuela, sumida a la demagogia que implantó el fallecido Hugo Chávez, no ha podido desprenderse del cáncer de la palabra “revolución”, a sus seguidores pareciera no importarles las paupérrimas condiciones de vida, el desabastecimiento, la inseguridad, siempre y cuando haya “revolución”, siempre y cuando haya “patria”, en eso se asemejan a los personajes de Los de abajo, los cuales enceguecidos por la ignorancia, y la falta de habilidades cognitivas, son capaces de sumarse a cualquier movimiento que prometa “igualdad social”, o que a lo sumo, los haga sentir parte de algo.
En el personaje de Luis Cervantes podemos encontrar la viva historia de América Latina, personas como él hay miles, (por no decir millones) en nuestras tierras. Luis Cervantes es el típico hombre cuya motivación principal es el dinero, el reconocimiento y las mujeres, no comprende porque un hombre como Demetrio Macías que se ha pasado la vida luchando, no ambiciona nada, él empieza a desilusionarse cuando empieza a percatarse que su líder, el general a quien acompañó y apoyó, no tiene más pretensiones que la de vivírsela hasta el último de sus días batallando una revolución, así sea una inexistente. Tal es así que inclusive Luis Cervantes (quien era considerado como una persona culta), intenta venderle la idea al general de postularse a la Presidencia, a lo que él le responde que el de politiquerías no sabe nada; al fin de la novela, Luis Cervantes se marcha a Estados Unidos donde invierte todo su dinero, y le manda una carta a sus antiguos compañeros de batalla mostrando pesar por la matanza que se cometió entre un par de sus miembros (un acto absolutamente irracional precedido por un juego naipes), y el suicidio de Margarito (otro de sus compañeros); en la figura de Luis Cervantes también podemos puntualizar otro tipo de sujetos que tanto daño ha hecho a nuestra región, ese que siempre va pensando en el beneficio propio, a quien no le importa romper las reglas, y quiere quedar siempre bien con todo el mundo, es esa cultura de vacuidad la que en cierta forma ha propiciado el desprecio de un grupo social con otro.   
El alcohol, y las borracheras, es otro de los temas de mayor predominancia a lo largo de la narración, es el tequila quizás uno de los signos más representativos de la cultura mexicana, para bien o para mal, es destacable la capacidad de aquellos hombres que llevaron a cabo la guerra revolucionaria en México, para emborracharse, no comer, y aun así tener la suficiente fortaleza para transitar largos caminos y pelear las mejores batallas; y es ese también el concepto tan vernáculo y a la vez tan anacrónico de “macho”, hombre, que se ha asimilado en la cultura mexicana y también latinoamericana; insisto en que por más que nos separen ciertos modismos, acentos y costumbres, las historias de nuestros pueblos guardan similitudes inagotables. El machismo es también uno de los temas centrales en esta obra, las mujeres son tratadas como vulgares piezas de cambio destinadas a cometer un favor sexual; es únicamente Demetrio Macías quien admite tener debilidad hacia las féminas, aceptando que le cuesta inclusive acercarse a ellas, pero aun así, aquello no le impide ser categóricamente irrespetuoso cuando el alcohol atrofia su cerebro; lo que cabe destacar es, que ese tipo de relaciones tan sumisas entre hombre y mujer, mujer y hombre del pasado, no ha variado en demasía con el paso de los años en los hogares más pobres de América Latina, salvo una institucionalidad más establecida para intentar igualar las relaciones maritales, la cultura del machismo sigue predominando en nuestros países, a los cuales les cuesta dejar atrás esa imagen de hombre patán, violento, borracho, y dictatorial, tan del siglo XIX.   











Sobre la estructura narrativa…

Los de abajo es una obra de corte social e histórico, la cual se divide en tres partes: la primera de ellas consta de veintiún capítulos, en aquellos primeros capítulos nos introducimos en la historia y conocemos a los personajes principales (Demetrio Macías y Luis Cervantes), Demetrio Macías es mostrado en un principio como un líder civil, el cual cuenta con la estima y respeto de un grupo de hombres que lo acompaña en su lucha (revolución) contra Victoriano Huerta; aparentemente en un principio el líder, que posteriormente pasaría a llamarse “el general”, no tenía planes de sublevarse, pero un conflicto llevado a cabo con un cacique, puesto que presuntamente, (y las presunciones eran muy grandes en aquella época) Demetrio Macías pensaba rebelarse contra el orden establecido. Tras la primera victoria de Demetrio Macías sobre los federales varias personas se fueron uniendo a su grupo, creando un pequeño ejército que comenzaría a recorrer los pueblos de México en una guerra aparentemente sin motivos; es allí donde conoce a Luis Cervantes, quien habría desertado del ejército federal, puesto que simpatizaba con los “ideales” inexistentes de Demetrio Macías.
La segunda parte de la novela se involucra en la gesta revolucionaria como tal, narra las luchas del ejército de Demetrio Macías en contra de los federales, y como lo único que rescatan de aquel conflicto es la muerte; los revolucionarios son recibidos en los pueblos como celebridades, a los cuales les brindan tequila y mujeres, quizás era aquella una de las razones que les brindaba a los hombres en batalla un sentimiento de utilidad; es común encontrarse en sus conversaciones con absurdos que son mencionados con orgullo e inclusive prepotencia, como por ejemplo los robos que han cometido, los asesinatos; el lenguaje es fundamental, Mariano Azuela logra a través de los diálogos describir a la perfección el bajo nivel cultural de aquellas personas, y sobre todo demostrar los aspectos de la vida que tenían mayor importancia en sus mentes. Palabras como: naiden,emprestar, dotor, trai, hórquenlo, jijos, regüena, usté, insirió, jirvió, pior, quesque, acompañadas de las más inverosímiles afirmaciones e ingenuidades, son la imagen de una época consumida por la falta de educación; es en esta segunda parte de la novela en la que conocemos a Luis Cervantes, soñador, quien en un principio es encarcelado por el propio ejército de Demetrio Macías, ya que se desconocen sus intenciones, una de las frases que mejor relata la vacuidad en toda esta historia, es cuando Luis Cervantes explica las razones por las que desea unirse a los revolucionarios, y ellos, en vez de deleitarse, lo que hacen es burlarse y despreciarlo.
“La revolución beneficia al pobre, al ignorante, al que toda su vida ha sido esclavo, a los infelices que ni siquiera saben que si lo son es porque el rico convierte en oro las lágrimas, el sudor y la sangre de los pobres... (Luis Cervantes)”.

En la última parte de la novela se narra el desenlace, la mayor parte del ejército cercano a Demetrio Macías ha muerto, pero no en combate, sino por los motivos más absurdos, Luis Cervantes se ha marchado a Estados Unidos a vivir, y el único que permanece fiel a Demetrio Macías es Venancio (quien es alcanzado por una bala en el último combate). Luego de una gesta impresionante, y a la vez innecesaria, el general se siente inútil sin la lucha, y busca la forma de continuar la batalla a pesar de no haber razones para continuarla… 

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